París también quiere ser joven

La semana de la Moda de París para primavera/verano 2016 confirma la tendencia que ya señalaron las citas de Nueva York y Milán y de la que hablaba en la última entrada. La juventud es el nuevo negro, por tirar de cliché. Jacquemus o Vetements son las etiquetas de las que todo el mundo habla. Hasta el punto de que el fundador y portavoz de la segunda, Demna Gvasalia (de 34 años), fue nombrado en el último día de la pasarela francesa como nuevo director creativo de Balenciaga. El diseñador de origen georgiano y nacionalidad alemana se queda así con la codiciada plaza apenas un año después de lanzar esta firma que funciona como un colectivo y que ya se ha convertido en el uniforme predilecto de los asistentes a los desfiles. El pasado marzo su segunda colección, presentada en el club Le Depot de Le Marais, fue la revelación de la pasarela.

<> on October 1, 2015 in Paris, France.

Desfile de primavera/verano 2016 de Vetements en París con prendas que reciclan imágenes como la de Kate Winslet y Leonardo di Caprio en ‘Titanic’. Foto: Getty.

En esta ocasión, la audiencia (Kanye West, incluido) peregrinó hasta un chirriante restaurante chino en Belleville. El sentido de comunidad de la firma se mantiene en un casting ecléctico en el que, entre otros, figura el diseñador ruso Gosha Rubchinskiy. Las prendas para primavera/verano 2016 se mantienen fieles a una filosofía que bebe de la ruptura de lo cotidiano de Margiela (donde los siete fundadores de la enseña habían trabajado con anterioridad) y se defienden más como individuos que lanzando un mensaje homogéneo. De hecho, el concepto inicial de la marca era modificar prendas encontradas en tiendas de segunda mano. Vetements, que seguirá operando en paralelo al trabajo de Gvasalia en Balenciaga, estuvo entre los finalistas de este año al premio LVMH para buscar jóvenes talentos.

Una distinción que, por segundo año, recibió el francés Simon Porte Jacquemus, de 25 años. Su firma fue galardonada en esta edición del certamen con el premio especial del jurado. Desde que empezara a desfilar en la Semana de París en 2012 Jacquemus ha ido ganando notoriedad, hasta el punto de conseguir que muchos editores alarguen sus estancia en París y lleguen a la primera jornada de la cita solo para ver su propuesta. Pero el creciente interés en sus juegos surrealistas y conceptuales parece haberle afectado ya que su desfile de esta temporada se complicó la existencia con una puesta en escena onírica y críptica que incluía un niño, al propio diseñador y hasta a un caballo blanco. Tanta atención no siempre es fácil de digerir.

PARIS, FRANCE - SEPTEMBER 29: A model walks the runway during the Jacquemus Ready to Wear show as part of the Paris Fashion Week Womenswear Spring/Summer 2016 at Paris Events Center on September 29, 2015 in Paris, France. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

Un niño arrastra una gran bola roja en el arranque de la colección primavera/verano 2016 de Jacquemus, titulada ‘La nariz roja’. Foto: Getty Images.

PARIS, FRANCE - SEPTEMBER 29: A model walks the runway during the Jacquemus Ready to Wear show as part of the Paris Fashion Week Womenswear Spring/Summer 2016 at Paris Events Center on September 29, 2015 in Paris, France. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

El diseñador Simon Porte Jacquemus con un caballo durante la presentación de su colección en París. Foto: Getty Images

PARIS, FRANCE - SEPTEMBER 29: A model walks the runway during the Jacquemus Ready to Wear show as part of the Paris Fashion Week Womenswear Spring/Summer 2016 at Paris Events Center on September 29, 2015 in Paris, France. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

Uno de los diseños de Jacquemus que juega a dividir prendas o representarlas de forma esquemática sobre el cuerpo. Foto: Getty.

El mensaje de Vanessa Seward (Buenos Aires, 1969), mucho menos aparatoso que el de los anteriores, también ha calado entre los asistentes a los desfiles. Sus básicos sofisticados, en las antípodas conceptuales de Jacquemus o Vetements, se han convertido en otro de los ingredientes predilectos del vestuario de los invitados. La argentina, que pasó por Azzaro tras la muerte del fundador en 2003, presentó la segunda temporada de su línea propia. Firma que extiende su colaboración con A.P.C. a una colección que, de nuevo, apuesta por ofrecer piezas interesantes y efectivas para un guardarropa cotidiano.

French fashion designer Vanessa Seward acknowledges the public at the end of her 2016 Spring/Summer ready-to-wear collection fashion show, on October 6, 2015 at the Grand Palais in Paris. AFP PHOTO / BERTRAND GUAY (Photo credit should read BERTRAND GUAY/AFP/Getty Images)

La diseñadora Vanessa Seward tras su desfile p/v 2016 en París. Foto: Getty.

PARIS, FRANCE - OCTOBER 06: A model walks the runway during the Vanessa Seward Ready to Wear show as part of the Paris Fashion Week Womenswear Spring/Summer 2016 on October 6, 2015 in Paris, France. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

PARIS, FRANCE - OCTOBER 06: A model walks the runway during the Vanessa Seward Ready to Wear show as part of the Paris Fashion Week Womenswear Spring/Summer 2016 on October 6, 2015 in Paris, France. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

PARIS, FRANCE - OCTOBER 06: A model walks the runway during the Vanessa Seward Ready to Wear show as part of the Paris Fashion Week Womenswear Spring/Summer 2016 on October 6, 2015 in Paris, France. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

Diseños de Vanessa Seward para primavera/verano 2016. Foto: Getty.

El furor por la renovación no solo afecta a las nuevas etiquetas y a los premios destinados a promoverlas (sea el citado galardón de LVMH o el venerable ANDAM que el año pasado cumplió el cuarto de siglo). No podría decirse que la tendencia ha hecho mella en París si no implicara también a los nombres de larga historia que son el alma de la moda francesa. En ese sentido, la capitulación de Balenciaga a esta nueva ola al fichar a Gvasalia puntúa triple. Pero también hay que señalar los cambios que este año se han producido en Carven, Nina Ricci, Guy Laroche y Courrèges. Las tres primeras casas -fundadas en 1945, en 1932 y en 1957- estrenaron a sus nuevos directores creativos el pasado marzo. Así que tanto el tándem formado por Adrien Caillaudaud y Alexis Martial (ambos, de 30 años) como los diseñadores Guillaume Henry (37 años) y Adam Andrascik (31 años) se han enfrentado ahora a la siempre complicada segunda temporada. Por su parte, el dúo Sébastien Meyer y Arnaud Vaillant (de 26 y 25 años) ha presentado su primera colección para Courrèges dejando en suspenso su propia firma, Coperni. ¿Hace falta decir que esta también fue finalista al premio LVMH este año? Y obtuvo uno de los galardones ANDAM en 2014.

PARIS, FRANCE - SEPTEMBER 30: A model walks the runway during the Courreges Ready to Wear show as part of the Paris Fashion Week Womenswear Spring/Summer 2016 on September 30, 2015 in Paris, France. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

El debut de Sebastién Meyer y Arnaud Valiant en Courrèges se basa en prendas individuales. Foto: Getty.

PARIS, FRANCE - SEPTEMBER 30: A model walks the runway during the Courreges Ready to Wear show as part of the Paris Fashion Week Womenswear Spring/Summer 2016 on September 30, 2015 in Paris, France. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

La sucesión de ítems que compone la coleccción primavera/verano 2016 de Courrèges. Foto: Getty Images.

La abismal diferencia estética entre el debut en Courrèges, las propuestas de Vetements o de Vanessa Seward esconde sin embargo un interesante vínculo. La nueva generación de diseñadores reniega de la narrativa convencional de los desfiles y, sobre todo, del discurso de las tendencias. Meyer y Vaillant, por ejemplo, se adentran en el vocabulario del emblema de la moda espacial de los sesenta con una sucesión de prendas mucho más que con una colección homogénea. Esa búsqueda de piezas con carácter, identidad y personalidad individual termina por hilvanar las muy heterogéneas ideas que recorren las cabezas de los diseñadores llamados a renovar la más venerable de las Semanas de la Moda internacionales. A diferencia de lo que ocurría con los diseñadores que repoblaron París al final de los años noventa (con Galliano y McQueen a la cabeza) estos no parecen tiempos de grandes narradores. Esta es la era de las pequeñas historias (llámenle producto). Y todos, hasta los recién llegados, tienen bien aprendida la lección.

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Nueva York, Milán y la carrera por la renovación

Models present creations for fashion house Prada during the women Spring / Summer 2016 Milan's Fashion Week on September 24, 2015 in Milan. AFP PHOTO / TIZIANA FABI (Photo credit should read TIZIANA FABI/AFP/Getty Images)

Diseños para primavera/verano 2016 de Prada. Foto: TIZIANA FABI/AFP/Getty Images.

La Semana de la Moda de Nueva York es una cita impredecible, irregular, inconstante. Capaz de lo peor y lo mejor en el mismo día. Hay jornadas atestadas de desfiles en las que la cantidad a veces reemplaza a la calidad. Pero el carácter estadounidense se impone y siempre reina el optimismo, la energía y el entusiasmo. En esa ciudad hay poco espacio para la crítica que domina en las pasarelas europeas y ese espíritu termina por contagiarte. En Nueva York, una y otra vez, necesitas recapacitar sobre lo que estás viendo y sobre su importancia e impacto real. Si no todo termina pareciéndote “¡FABULOSO!”… Pero ciertas asunciones o creencias que estableces allí envejecen mal y no resisten después el mínimo análisis.

NEW YORK, NY - SEPTEMBER 11: A model walks the runway during the Givenchy fashion show at Pier 26 on September 11, 2015 in New York City. (Photo by Edward James/WireImage)

Uno de los diseños que recuperaba las creaciones de alta costura más emblemáticas que Riccardo Tisci ha realizado en sus 10 años en Givenchy durante el desfile primavera/verano de la firma en Nueva York. Foto: Edward James/WireImage.

Lo que es innegable es que en 2015 Nueva York atraviesa un momento de transición. No es casualidad que en la presentación de las colecciones para primavera/verano 2016 todo el mundo pareciera cumplir 10 años. Dejando de lado que Riccardo Tisci celebrara su primer decenio en Givenchy, lo relevante es que Alexander Wang o Phillip Lim festejeran ese aniversario y nos recordaran cuán distintas eran las cosas en la ciudad en 2005. Su generación, a la que también pertenecen Rodarte, Jason Wu, Thakoon Paniachgul, Prabal Gurung o Altuzarra, fue lanzada a repoblar una tierra que perdía fertilidad e interés a marchas forzadas. Sus líderes envejecían y la pasarela languidecía hasta que los pioneros de esta nueva ola -como Proenza Schouler, que debutó en 2002- demostraron que se podía crear una sensación internacional con facilidad y efectividad. La generación de 2005 levantó sus casas en una Semana de la Moda que ansiaba juventud, con el mismo entusiasmo y la determinación de los que llegaron al país en el s. XVII.

NEW YORK, NY - SEPTEMBER 12: A model walks the runway during the Alexander Wang show as a part of Spring 2016 New York Fashion Week at Pier 94 on September 12, 2015 in New York City. (Photo by Antonio de Moraes Barros Filho/FilmMagic)

La colección con la que Alexander Wang celebraba el 10º aniversario de su propia firma quería recuperar su conexión con las calles de Nueva York.  Foto: Antonio de Moraes Barros Filho/FilmMagic.

Diez años después, aquellas promesas se han convertido en grandes estrellas y, en algunos casos, hasta han convencido de su talento a la escéptica Europa: Jason Wu es el director creativo de Hugo Boss y Wang (hasta el 2 de octubre al menos), de Balenciaga. Y su ejemplo es el que quieren seguir los que han venido después, de Rag&Bone a Public School, de Hood by Air a Rosie Assoulin. Nueva York se ha convertido en una tierra de oportunidades para la moda y los venerables líderes de la tribu también se han contagiado de esa energía que les rodea. Marc Jacobs, Michael Kors, Calvin Klein, Ralph Lauren, Diane von Furstenberg o Carolina Herrera gozan de una mayor repercusión global debido a la mayor notoriedad de la cita. Según las autoridades, el acontecimiento reporta 900 millones de dólares a la ciudad y Uber ve cómo su servicio se incrementa un 26%. Aparentemente, todos ganan.

NEW YORK, NY - SEPTEMBER 16: A model walks the runway at the Boss Spring Summer 2016 fashion show during New York Fashion Week on September 16, 2015 in New York, United States. (Photo by Catwalking/Getty Images)

Vestido de Jason Wu para Boss primavera/verano 2016 visto en la Semana de la Moda de Nueva York. Foto: Catwalking/Getty Images.

El problema aparece cuando en lugar de las grandes cifras y del dibujo general, una se centra en las colecciones. Más allá de un montón de nombres, ¿qué nos han dejado estos 10 años? De todo ese enfervorecido ambiente de novedad, ¿qué aportaciones significativas pasarán a la historia de la moda? No es de extrañar el éxito que Delpozo, con Josep Font al frente, está cosechando en la ciudad. Una propuesta como la suya está a años luz en términos de creatividad, oficio, inventiva y profundidad de muchas de las que pueblan la pasarela estadounidense.

NEW YORK, NY - SEPTEMBER 16: A model walks the runway at the Delpozo Spring Summer 2016 fashion show during New York Fashion Week on September 16, 2015 in New York, United States. (Photo by Catwalking/Getty Images)

Un modelo de Delpozo presentado en la Semana de la Moda de Nueva York. Foto: Catwalking/Getty Images.

Es una idea que sigue martilleando, días después, durante la Semana de la Moda de Milán. La cita italiana se encuentra inmersa en un proceso de rejuvenecimiento que a buen seguro tiene la mirada puesta en el ejemplo neoyorquino. En términos mediáticos, al menos. La forma en la que la gran maquinaria italiana taponaba y ahogaba a los jóvenes talentos fue tema de debate y profunda preocupación durante varias temporadas. Tanto que en 2013 los grandes directivos de las principales firmas (Patrizio Bertelli de Prada, Ermenegildo Zegna o Diego Della Valle de Tod’s, entre otros) se implicaron en la gestión de la Camera Nazionale della Moda Italiana (CNMI) para evitar que Milán se convirtiera en un dinosaurio incapaz de reaccionar ante el nuevo rumbo del sistema con sus comunicaciones instantáneas y su efervescencia de diseñadores.

MILAN, ITALY - SEPTEMBER 25: (BRAZIL OUT, NEW YORK TIMES OUT, UK VOGUE OUT) A model walks the runway during the Versace Ready to Wear show as a part of Milan Fashion Week Spring/Summer 2016 on September 25, 2015 in Milan, Italy. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images).

La modelo Edie Campbell durante el desfile de Versace en Milán. Foto: Getty Images.

No solo necesitaban renovarse para competir con los otras capitales. En su propio país, Florencia amenazaba con desmarcarse como un lugar más innovador y abierto a nuevos talentos gracias a la feria Pitti. Entre otras medidas, la CNMI tiene desde abril de este año un nuevo presidente, Carlo Capasa, que ha fijado un plan a 12 meses que marca entre sus prioridades potenciar la creación de nuevos talentos. En una entrevista concedida a The New York Times, concretaba este objetivo en “apoyo real y financiero e infraestructuras” y un “punto de encuentro” para que los jóvenes puedan desarrollar sus negocios.

MILAN, ITALY - SEPTEMBER 24: A model walks the runway during the Emilio Pucci fashion show as part of Milan Fashion Week Spring/Summer 2016 on September 24, 2015 in Milan, Italy. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

La primera colección femenina de Massimo Giorgetti para Emilio Pucci. Foto: Getty Images.

En todo caso, el cambio ya es evidente. Se han abierto huecos en el calendario para firmas nuevas como Marco de Vincenzo, Stella Jean o Fausto Puglisi y varias casas venerables han estrenado este año director creativo: Alessandro Michele en Gucci, Massimo Giorgetti en Pucci, Arthur Arbesser en Iceberg y Peter Dundas en Roberto Cavalli. El rumbo que el primero de estos cuatro diseñadores ha marcado para la locomotora del grupo Kering es el tema de conversación recurrente desde su debut el pasado febrero y su influencia se nota en todas partes. Sin ir más lejos, en los mocasines y zuecos que calzan a buena parte de los periodistas y estilistas internacionales que cubren las colecciones.

MILAN, ITALY - SEPTEMBER 23: (EDITORS NOTE: Image was created using multiple exposure in camera) A model walks the runway during the Gucci fashion show as part of Milan Fashion Week Spring/Summer 2016 on September 23, 2015 in Milan, Italy. (Photo by Vittorio Zunino Celotto/Getty Images)

El desfile de Alessandro Michele para Gucci inspira infinidad de ecos. Foto: Vittorio Zunino Celotto/Getty Images.

Nadie quiere quedarse atrás en esta nueva carrera por lo nuevo. El riesgo está de moda en la antaño conservadora pasarela milanesa. Y eso provoca que las colecciones de unos y otros se embarquen en lo que, para la que hasta hace poco era considerada la más comercial y apocada de las grandes capitales, debe considerarse toda una escalada excéntrica y alocada. A algunos, como Donatella Versace, el relajado contexto les sienta muy bien y les motiva para entregar una de sus mejores colecciones en años. Pero tal vez nada explica tan claramente el nuevo ambiente que se respira como el caso de Moschino. Las colas y apretones para entrar a su desfile para primavera/verano 2016 eran más propias de un concierto de rock que otra cosa. Dentro, Jeremy Scott proporcionaba un espectáculo a la medida de Instagram con modelos disfrazadas de coches o de detergente y una pasarela flanqueada por rodillos de túnel de lavado, señales de tráfico con giros ingeniosos y pompas de jabón. La clase de ironía que, desde el debut de Scott en la marca en febrero de 2014, ha hecho correr ríos de tinta y ha provocado encendidos debates al tiempo que las ventas de la firma se disparaban.

MILAN, ITALY - SEPTEMBER 24: A model walks the runway during the Moschino fashion show as part of Milan Fashion Week Spring/Summer 2016 on September 24, 2015 in Milan, Italy. (Photo by Vittorio Zunino Celotto/Getty Images)

Diseño de inspiración automovilística de Jeremy Scott para Moschino. Foto: Vittorio Zunino Celotto/Getty Images.

Puede que sean nombres nuevos los que comandan esta huida a la italiana hacia el país de la hipérbole y la fantasía. Pero nadie se acerca en modernidad a una mujer de 66 años llamada Miuccia Prada y que lleva 25 años impartiendo lecciones en esta materia, válidas para Italia o para cualquier otra parte del mundo. Vuelve a hacerlo esta temporada con una colección que, como siempre, parte de un cliché denostado para darle la vuelta y enfrentarnos a nuestras creencias y prejuicios. En este caso, la italiana toma el traje de chaqueta con falda, indiscutible símbolo de conservadurismo estético y político en las antípodas del feminismo, y lo saca de la Siberia de la moda en la que habitaba. Con espíritu cubista lo reconstruye, monta y desmonta y por el camino nos enfrenta a nuestros propios códigos y nos obliga a cuestionarnos casi todo. ¿Por qué y cuándo le hemos dado a este conjunto un significado y no otro? ¿Qué es necesario para que cambiemos nuestra percepción sobre él? Sus modelos llevan aparatosos pendientes y labios dorados y lucen prendas sin temporada imposibles de encasillar. ¿Son conservadores o revolucionarios sus trajes? ¿Quién tiene la legitimidad para decidir qué es lo uno y lo otro?

MILAN, ITALY - SEPTEMBER 24: A model walks the runway during the Prada Ready to Wear fashion show as part of Milan Fashion Week Spring/Summer 2016 on September 24, 2015 in Milan, Italy. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

La modelo española Mayka Merino abre el desfile de Prada, una oda al traje con falda. Foto: Getty Images.

La demostración definitiva de lo profundamente disruptivo que es el discurso de Miuccia Prada reside en la cantidad de preguntas que arroja, que abren una brecha entre ella y otros ejercicios presuntamente transformadores. Es una lección valiosa para la industria en este momento de tan deseada regeneración. Por imprescindible que resulte apoyar a los nuevos talentos (que lo es), con eso no es suficiente. La modernización no es solo una cuestión de edad o de generaciones. En Milán, Nueva York o París el auténtico cambio viene de la innovación, de la creatividad y de las ideas. Y de cuán revolucionarias estas sean.

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Vuelta al cole con Balenciaga

Poco a poco, las ciudades salen de su letargo veraniego. La gente vuelve de vacaciones, bronceada y un poco nostálgica, y mantiene una y otra vez la misma conversación sobre sus días de descanso. La vuelta al cole, ya se sabe.

La actividad en la redacción de HARPER’S BAZAAR no se ha detenido del todo en ningún momento, pero también se nota esa sensación de  un curso que empieza. Y será un otoño movido. Para empezar tenemos despedidas a la vista y el consiguiente baile de diseñadores asegurado. Si las cosas no cambian (que nunca se sabe), el último desfile de Alexander Wang para Balenciaga se verá el 2 de octubre en París. El estadounidense no ha cumplido los tres años en la compañía y en el número de septiembre de la revista publicamos la que ya es su última entrevista para la firma. Wang llegó en 2012 para reemplazar a Nicolas Ghesquière, el diseñador que sacó a la firma del letargo en el que vivía desde la retirada de Cristóbal Balenciaga en 1968. Ya ha empezado el juego de adivinanzas sobre su sucesor y hay que admitir que el relevo llega en un momento especialmente delicado. Previsiblemente el sucesor/a se estrenaría con la colección de otoño/invierno 2016 y enseguida se encontraría inmerso/a en el centenario de la fundación de la marca (que se celebrará en 2017).

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Alexander Wang fotografiado en Nueva York para el número de septiembre de Harper’s Bazaar donde se publica su última entrevista como director creativo de Balenciaga. Foto: Thomas Whiteside.

La figura de Cristóbal Balenciaga suscita una admiración unánime. Ya lo hacía en 1951 cuando Paris Match escribía: “La moda de Balenciaga, hecha de refinamiento francés y ardor español, es pura y equilibrada. Sin improvisaciones ni concesiones. Sus trajes de chaqueta, de costuras revolucionarias, son imposibles de copiar y sus fastuosos trajes de noche, al contrario, parecen dotados de una sencillez milagrosa”. Se le considera el gran maestro de la era dorada de la alta costura en París y se le rinden homenajes desde toda clase de instituciones.

Ahora mismo sus diseños se exhiben en Nueva York, Calais o Bilbao (donde hasta el 31 de agosto puede verse la muestra Los años 50. La moda en Francia 1947-57). Tal vez por eso muchos han dado inmediata credibilidad a un rumor que ha circulado en los últimos meses: que el Museo del Prado podría organizar una exposición de su trabajo en 2017 para celebrar el centenario. Se trataría de la primera muestra de moda jamás vista en tan magna institución. En el departamento de prensa del museo, a día de hoy, solo confirman que el programa expositivo para esa fecha no está cerrado y subrayan lo obvio: que en el Prado no se han celebrado hasta ahora muestras de esta índole. Es decir, que el proyecto no puede darse por confirmado.

NEW YORK, NY - MAY 04: (L-R) Robe a la Polonaise, 1780-85 silk taffeta; Robe a la Polonaise, ca. 1780 silk taffeta; Cristobal Balenciaga, Ensemble, 1955-56 silk taffeta on display at 'China: Through The Looking Glass' Costume Institute Benefit Gala - Press Preview at Metropolitan Museum of Art on May 4, 2015 in New York City. (Photo by Slaven Vlasic/Getty Images)

A la derecha, conjunto de Balenciaga de 1955-56. Se presenta, junto a dos vestidos de 1780, en la exposición ‘China: Through The Looking Glass’ del Museo Metropolitano de Nueva York. La muestra se ha extendido hasta el 7 de septiembre. Foto: Getty Images.

TO GO WITH AFP STORY BY BAPTISTE BECQUART Outfits by couturier Cristobal Balenciaga (1895-1972) are displayed at the exhibition "Balenciaga, Master of Lace", on April 15, 2015 at the Museum of Lace and Fashion in the northeastern town of Calais. The exhibition features almost 75 outfits and accessories by the Spanish-born, Paris-based couturier and will run from April 18 to August 31, 2015. AFP PHOTO PHILIPPE HUGUEN== RESTRICTED TO EDITORIAL USE, TO ILLUSTRATE THE EVENT AS SPECIFIED IN THE CAPTION == (Photo credit should read PHILIPPE HUGUEN/AFP/Getty Images)

Diseños seleccionados para la muestra ‘Balenciaga, Master of Lace’ , que se puede ver hasta el 31 de agosto en  Calais. Foto: PHILIPPE HUGUEN/AFP/Getty Images.

Los que estén interesados en la vida y obra del esquivo diseñador, no deberían dejar de leer la entretenida biografía de Mary Blume (The Master of Us All, 2013). La obra se basa primordialmente (en exceso, de hecho) en el testimonio de Florette Chelot, la primera y más leal vendedora de Balenciaga en París. Lleno de anécdotas y detalles de color (como el encuentro de Florette con el diseñador cuando este llevaba todavía puesta la redecilla del pelo para dormir), el libro revela interesantes datos sobre su relación con Chanel y Vionnet y sobre el funcionamiento cotidiano de su firma.

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Aunque para obra imprescindible sobre Balenciaga, ninguna como La forja del maestro (Nerea, 2010). El impecable trabajo de investigación de Miren Arzalluz arrojó por primera vez una necesaria luz sobre el periplo creativo, empresarial y vital del diseñador antes de su llegada a París en 1936. Hasta entonces, la industria internacional tendía a olvidar que el vasco no apareció de la nada en la moda. Cuando se instaló en Francia era un hombre de 42 años con una dilatada experiencia en su oficio que llevaba casi 20 al frente de su propia firma en España.

HARPER’S BAZAAR ha publicado imágenes memorables de la obra de Balenciaga desde los años treinta. En el emblemático número de septiembre de 1955, Dovima aparece fotografiada por Richard Avedon con incontables diseños suyos para el día y para la noche. Carmel Snow, directora de la cabecera estadounidense entre 1933 y 1958, fue una de sus más vehementes valedoras, además de su amiga y clienta. Según la biografía de Snow que Penelope Rowlands escribió en 2005 (A dash of daring), la editora estaba en realidad enamorada del diseñador: “La historia de su amistad, contada por Carmel, suena completamente romántica. Ciertamente, para ella lo era. Su matrimonio carecía de pasión (…) y en este vacío sus sentimientos por el intenso español solo podían florecer. Tanto como apreciaba su precisa sastrería, sus exquisitos materiales y sus cortes futuristas, empezó a venerar a Balenciaga como hombre”.

Diseños de Cristóbal Balenciaga retratados por Richard Avedon en los números de septiembre y octubre de HARPER’S BAZAAR de 1955.

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El libro explica que Snow pasó a vestirse exclusivamente de Balenciaga y a frecuentar su apartamento para los interminables fittings. Los rumores maliciosos sobre su relación no tardaron en recorrer la escena parisina. Rowlands recoge una declaración de Avedon muy explícita sobre la situación: “Ella estaba enamorada de Balenciaga e interpretaba cualquier asunto de negocios como parte de un romance que ella imaginaba”.

UNSPECIFIED - NOVEMBER 01: Designer Cristobal Balenciaga (L) & HARPER'S BAZAAR editor in chief Carmel Snow (R). (Photo by Walter Sanders/The LIFE Picture Collection/Getty Images)

Cristóbal Balenciaga y Carmel Snow fotografiados en 1952. Fotografía: Getty Images.

Por la magnitud de su obra y lo opaco del personaje (concedió una única entrevista en 1972, poco antes de su muerte), la de figura de Balenciaga resulta especialmente fascinante. Su legado quedará en breve en manos de un nuevo director creativo, llamado a liderar la firma durante el centenario de su fundación. No es una tarea cualquiera.

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La alta costura recupera el espectáculo

PARIS, FRANCE - JULY 07: (L-R) Kristen Stewart, Julianne Moore and Lara Stone during the Chanel show as part of Paris Fashion Week Haute Couture Fall/Winter 2015/2016 on July 7, 2015 in Paris, France. (Photo by Victor VIRGILE/Gamma-Rapho via Getty Images)

Julianne Moore mueve ficha en el casino de Chanel. Foto: Getty.

Termina la Semana de la Alta Costura de París otoño/invierno 2015 y seguimos sin saber exactamente qué es la alta costura hoy. Hubo un tiempo en el que término estaba perfectamente acotado y regulado. Ya no. Ahora casi todo puede (o quiere) serlo y las interpretaciones sobre el particular cambian constantemente. En esta edición, solo pude hacer una visita demasiado fugaz a la ciudad (el cierre me reclamaba en Madrid). Pero estuve allí lo suficiente para llevarme la impresión de que esta temporada ha supuesto un cambio para esta cita tan peculiar y tan sensible a los vaivenes de la industria. O más bien, un retorno.

En las últimas temporadas, el discurso extendido era que una nueva clientela (más joven y procedente de la industria tecnológica) había llegado a este tradicional oficio artesano. Ese público demandaba y justificaba que la alta costura se modernizara y abandonara las almenas del castillo de los sueños para enfrentarse a los retos y dilemas del vestir cotidiano. Sería exagerado decir que esa línea de pensamiento erradicó los trajes de princesa de los desfiles (cosa que, obviamente, no ocurrió) pero sí introdujo algunos pantalones y un tono general menos ampuloso y teatral.

Tras cinco días de desfiles de alta costura otoño/invierno 2015 lo mínimo que puede decirse es que el espectáculo ha vuelto a la alta costura. Colecciones más experimentales, propuestas más dramáticas, puestas en escena más majestuosas y un calendario atestado de monumentales fiestas certifican que París vuelve a soñar a lo grande. Es curioso, y seguramente nada casual, que eso ocurra precisamente cuando la industria del lujo ve sus crecimientos ralentizarse. Durante tanto tiempo inmune a los sobresaltos económicos del planeta, ahora las grandes firmas registran discretos crecimientos. No hay drama todavía, aunque como bien sabemos el panorama económico en Europa está teñido de algo más que incertidumbre. De hecho, eso también podría explicar esta huida hacia adelante. Por un motivo u otro, alguien parece haber decidido que es momento de sacar los fuegos artificiales.

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El rosa de Schiaparelli cerró la primera colección de Bertrand Guyot para la casa que se presentó en el decorado de un ficticio Teatro de Elsa. Foto: Imaxtree

La presentación de la segunda colección Artisanal de John Galliano para Maison Margiela significó el retorno del diseñador al calendario oficial de la alta costura. Y lo hizo con una propuesta que recupera el sentido artístico de esta cita. Los rostros de las modelos estaban cubiertos de estratégicas manchas azul Klein ideadas por Pat McGrath, cómplice habitual de Galliano en la materia. La ropa recuperaba la esencia con la que Martin Margiela creó esta singular interpretación de lo artesano: crear ropa a partir de la basura, de lo antiguo o de lo que jamás utilizaríamos para vestir (como un disco de vinilo o las escobillas de un túnel de lavado de coches por poner SOLO dos ejemplos) y replantear así el sentido del uso y el valor que damos a las cosas. En la segunda colección de Galliano  se vieron buenos ejemplos de esta filosofía fundacional. Por ejemplo, un vestido estaba realizado con el forro de un abrigo de neopreno que se había separado de este y pintado a mano con una técnica de Kyoto que simula el efecto de un bordado; el abrigo como tal colgaba por la espalda formando una extraña cola. Y qué decir de los vestidos saco o de una novia-bolsa de plástico. Sin embargo,  en las expertas manos de Galliano, el resultado alcanza cotas insólitas, nuevas y extraordinarias. Artisanal nunca quiso realmente ser alta costura, y puede que siga sin serlo. Pero un abrigo de neopreno pintado a mano de color rosa con espalda abierta para mostrar un obi azul es una pieza hecha para la historia.

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Vestido de la colección ‘Artisanal’ de Martin Margiela hecho con el forro de un abrigo estampado con una técnica japonesa. Foto: Imaxtree

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La parte trasera del vestido anterior donde cuelga el abrigo. Foto: Imaxtree

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Abrigo de la línea ‘Artisanal’ de Martin Margiela de neopreno pintado a mano con obi azul Klein en la espalda. Foto: Imaxtree.

En el capítulo de incorporaciones aparatosas merece mencionarse el gigantesco desfile de alta peletería con el que Fendi ha celebrado en París su 50º aniversario. Fue en el Théâtre des Champs-Élysées, donde Igor Stravinsky estrenó La consagración de la primavera en 1913, y frente a una proyección de un cuadro de Giorgio de Chirico. Incluidas las protestas de PETA, se trata de la clase de puesta en escena que uno espera de Karl Lagerfeld para la cita que le convirtió en el único diseñador con dos desfiles en una misma Semana de la Alta Costura. En Chanel -aunque es difícil que alguien no lo sepa a estas alturas- se recreó un casino en el que Julianne Moore, Kirsten Stewart, Vanessa Paradis o Geraldine Chaplin (y así hasta 21 muy célebres jugadores) apostaban a la ruleta y al blackjack. ¿Alguien dijo espectáculo?

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Las modelos al final del desfile de Chanel que cerró Kendall Jenner como novia con pantalones. Foto: Imaxtree

Pero no termina aquí la tesis. En Dior, Raf Simons construyó una “iglesia puntillista” para entregar una colección inspirada en la pintura flamenca serpenteada por grandes capas reversibles, a veces con una gran manga de piel, que obligaron a que los talleres de sastrería y flou de la casa trabajaran de la mano en un juego de contrastes que habla sobre lo íntimo y lo público. Delicados trabajos de minúsculas plumas cubrían algunos de los vestidos y algunos detalles medievales acompañaban a la silueta de gesto exuberante que Simons hereda de Christian Dior. Según explicaba el diseñador en las notas del desfile, la intención era ofrecer una reflexión contemporánea sobre la fruta prohibida: “La pureza y la inocencia frente al lujo y la decadencia y cómo eso está encapsulado en la idea del jardín de Dior, que deja de ser floral para ser sexual”.

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Paneles de cristal pintados creaban el espacio en el que se mostró la colección de Dior en el Museo Rodin, que la firma denominó “iglesia puntillista”. Foto: Imaxtree.

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La “fruta prohibida” cubría el suelo de la pasarela de Dior. Foto: Imaxtree.

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Capas reversibles que han unido a los talleres de sastrería y de ‘flou’ de Dior. Foto: Imaxtree.

Despojados de sus obligaciones como diseñadores de prêt-à-porter, Jean Paul Gaultier y Viktor&Rolf casi tienen la obligación de ofrecer una costura espectacular y excesiva. Y vaya si lo hicieron. El francés con su loca versión de la Bretaña francesa y los holandeses con mujeres literalmente hechas un cuadro. Algo parecido se espera de una casa como Schiaparelli, que confía en esta disciplina como vehículo principal para su vuelta a escena. Bertrand Guyot es el tercer diseñador, si contamos la aportación inicial y puntual de Christian Lacroix, que prueba suerte con el legado más inventivo, surrealista y original de la alta costura. Aunque su primera colección fue respetuosa y comedida, ya incluía a Leigh Bowery entre sus inspiraciones y entregó buena cantidad de terciopelos, bordados dorados y zapatos de tacón fucsia. Un color que también apareció en una versión de Giorgio Armani que bajo el título de Shocking se mostró bastante desmelenada. Al menos para sus pulcros estándares.  

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Las modelos-cuadro de la colección de Viktor& Rolf. Foto: Imaxtree.

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Anna Cleveland y toda la banda cierran el desfile de Gaultier, inspirado en la Bretaña. Foto: Imaxtree

Mientras Europa se tambalea, París es una fiesta. No es solo una metáfora. Hacía tiempo que no se veía un calendario de festividades tan nutrido y ambicioso como el de estos días. La presentación de la línea crucero y del perfume de Miu Miu (oportunamente enganchada a la cita), la cena de amfAR tras el desfile de Versace, el baile floral de Giambattista Valli y MAC en la ópera, el 80º aniversario de Lancôme y un largo etcétera de saraos provocaron una auténtica acumulación de famosos. Además de los que se apuntaron a la partida de Chanel y de TODAS las portavoces de Lancôme (Lupita Nyong’o,  Isabella Rossellini, Penélope Cruz, Kate Winslet y Julia Roberts…) hay que apuntar en la lista a un omnipresente Marc Jacobs y a Carlota de Mónaco, Kate Moss, Kylie Minogue, Amber Heard o Meg Ryan (cuya aparición en Schiaparelli ha provocado más comentarios que ninguno de los vestidos de Guyot).

De izquierda a derecha, Daria Werbowy, Alma Jodorowsky, Lily Collins, Lupita Nyong’o, Isabella Rossellini, Kate Winslet, Penelope Cruz y Julia Roberts. Foto: Getty Images para Lancôme.

PARIS, FRANCE - JULY 05: (L-R) Natalia Vodianova, Mariacarla Boscono, Antoine Arnault and Karlie Kloss attend the amfAR dinner at the Pavillon LeDoyen during the Paris Fashion Week Haute Couture on July 5, 2015 in Paris, France.  (Photo by Victor Boyko/Getty Images for amfAR)

Natalia Vodianova, Mariacarla Boscono, Antoine Arnault y Karlie Kloss en la cena de amfAR y Versace. Foto: Getty Images para amfAR.

Marc Jacobs, Kate Moss y Catherine Baba en la fiesta de Miu Miu.

Aunque tal vez la demostración de fuerza definitiva haya sido la de los italianos. Valentino y Dolce&Gabbana han trasladado el circo a su país para mostrar sus colecciones en Roma y en Portofino, respectivamente. La imperial colección de Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli, cargada de símbolos de la historia de la ciudad, se bastaría por sí sola para mantener el idilio de los directores creativos de Valentino con el mundo. Pero sin duda va ayudar a mantener viva esa llama de la pasión la presentación al aire libre en la Piazza Mignanelli en presencia de Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti (ambos de blanco) flanqueados por Gwyneth Paltrow y Rosario Nadal como dos vestales en rojo. Tilda Swinton, Alber Elbaz o Mika, entre otros, también peregrinaron a la capital italiana para un proyecto muy sencillamente bautizado como Mirabilia Romae (Las Maravillas de Roma). Su plan de viaje incluía una exposición de trajes de colecciones anteriores en rincones secretos de los lugares de la ciudad que los inspiraron. Casi nada.

Al parecer la alta costura ha vuelto a su modo más circense y ha decidido que el espectáculo debe continuar.

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ROME, ITALY - JULY 09: Front row, (L-R) Giancarlo Giammetti, Gwyneth Paltrow and Valentino Garavani attend the Valentinos 'Mirabilia Romae' haute couture collection fall/winter 2015 2016 at Piazza Mignanelli on July 9, 2015 in Rome, Italy.  (Photo by Elisabetta Villa/Getty Images)Giancarlo Giammetti, Gwyneth Paltrow y Valentino Garavani contemplan el desfile de la firma en Roma. Foto: Getty Images.

A model presents a creation by Italian fashion designer Valentino during the haute couture Fall-Winter fashion show marking the opening of a new flagship Valentino store in Rome on July 9, 2015. AFP PHOTO / FILIPPO MONTEFORTE        (Photo credit should read FILIPPO MONTEFORTE/AFP/Getty Images)

A model presents a creation by Italian fashion designer Valentino during the haute couture Fall-Winter fashion show marking the opening of a new flagship Valentino store in Rome on July 9, 2015. AFP PHOTO / FILIPPO MONTEFORTE        (Photo credit should read FILIPPO MONTEFORTE/AFP/Getty Images)

 

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Gucci en las calles de Nueva York

Las modelos cruzando la calle 22 de Nueva York durante el desfile de crucero de Gucci. Foto: Kevin  Tachman.

Las modelos cruzando la calle 22 de Nueva York durante el desfile de crucero de Gucci. Foto: Kevin Tachman.

El diseñador Alessandro Michele asumió la dirección creativa de Gucci el pasado 21 de enero, es decir, apenas un mes antes del desfile que presentaba la colección femenina de la firma. Ese desfile de febrero en Milán, en teoría, debía ser la despedida de Frida Giannini pero se convirtió en un apresurado debut para Michele (nacido en 1972). Esa colección -unida a la de hombre, presentada en enero bajo una autoría brumosa ya que todavía no se había confirmado a Michele en el cargo- suponía una profunda transformación de la imagen establecida en Gucci desde la primera colección de Tom Ford en 1995. Ese cambio tan profundo en un tiempo tan escaso dejaba cabos sueltos y algunas ideas apenas esbozadas. Circunstancia que explicaría que Michele aprovechara su segundo desfile, que corresponde a la colección de crucero 2016, para completar y pulir su mensaje. Una hipótesis que él, sin embargo, niega (más sobre ello, después).

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La primera modelo del desfile crucero 2016 de Gucci. Foto: Gucci.

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Uno de los conjuntos para hombre presentados en el mismo desfile. Foto: Gucci.

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Serpientes o tigres se bordan sobre el encaje en varios de los vestidos. Foto: Gucci.

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Michele repiensa las blusas con lazada que ha convertido en emblema de la nueva era de Gucci. Foto: Gucci.

La cita era en Nueva York y tomó parte de la calle 22, en el corazón de Chelsea, como decorado y pasarela. Esta puesta en escena y la convocatoria internacional de medios anticipaban la notable ambición de esta colección. Cuando la primera modelo, ataviada con un vestido tejido con motivos geométricos, empezó a deambular por un espacio industrial tapizado con alfombras orientales quedó claro que esta colección retomaba la conversación de Michele con la marca exactamente en el mismo punto donde se quedó en Milán. El italiano lleva en la compañía desde 2002 – era el segundo de Giannini desde 2011- y parece tener claro dónde quiere llevarla desde su nueva posición. Adorado por sus equipos y respaldado por el nuevo CEO, Marco Bizzarri, Michele se mantiene firme en la misma premisa con la que revolucionó Gucci tres meses atrás.

Marco Bizzarri, consejero delegado de Gucci desde el 1 de enero de 2015, en el espacio del desfile de crucero 2016 en Nueva York. Foto: BFA.

Marco Bizzarri, consejero delegado de Gucci desde el 1 de enero de 2015, en el espacio del desfile de crucero 2016 en Nueva York. Foto: BFA.

Eso sí, con más tiempo ha podido refinar, pulir y nutrir una estética basada en piezas que parecen sacadas de un pasado impreciso y que se mezclan con pulso excéntrico. Los modelos siguen exhibiendo su ambigüedad con boinas de lana y gafas de pasta pero ahora llevan ropa mucho más elaborada, exquisita y lujosa. “No creo que esto sea una culminación de lo que presenté en febrero”, negaba Michele tras el desfile, acaso ahuyentando el fantasma de la repetición. “Pero sí pienso que es una pieza más en una historia. Igual que sucede en la vida misma, cada colección añade algunas cosas sobre un mismo hilo y elimina otras. Todo es una evolución”.

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Los emblemas de la casa aparecen en cinturas o zapatos. Foto: Ronan Gallagher.

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Las prendas  juegan a parecer hallazgos vintage. Foto: Ronan Gallagher.

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Las joyas exageradas ya protagonizaron la propuesta para invierno 2015. Foto: Ronan Gallagher.

Rodeado de periodistas  e invitados como Karen Elson o Dakota Johnson, Michele parecía feliz y relajado tras cuatro días muy intensos y de poco dormir. “Estoy muy contento con la respuesta que estamos recibiendo en esta nueva etapa”, apuntaba. “No esperaba que se entendiera tan rápido y tan bien lo que estamos buscando. Me ha sorprendido de una forma muy agradable. He leído cosas muy bonitas”.

Dakota Johnson, Alessandro Michele, Karen Elson

Dakota Johnson, Alessandro Michele y Karen Elson en el ‘backstage’. Foto: Cortes’ia BFA.

Las modelos, todavía con los diseños del desfile, paseaban por el backstage para que la prensa pudiera apreciar el detalle de las intrincadas prendas mientras tomaba un café. Encajes bordados con tigres o serpientes, abrigos de piel con insectos, plisados metalizados y sandalias de estilo gladiador rematadas con perlas son algunas de las piezas que encarnan la nueva narración de Michele. “Creo que estamos preparados para este elogio de lo excéntrico”, asegura. “Se trata de que cada uno utilice la moda para expresar su personalidad y su singularidad”.  Un gusto por una nostalgia juvenil y ensoñada que, recortada sobre una calle de Nueva York a las diez de la mañana, ofrecía un elocuente mensaje sobre la renovada identidad que Michele anhela insuflar a Gucci. Por si quedaba alguna duda, horas después, el italiano ofrecía una relajada cena para celebrar el desfile. En el restaurante The Bowery Bar and Grill de Manhattan se servía pizza traída desde Brooklyn en una velada amenizada por una actuación de la propia Elson.

Una postal hipster que certifica un cambio de rumbo completamente improbable seis meses atrás. La nueva era de Gucci abandona el erotismo nocturno en el que la casa llevaba 20 años instalada y se entrega a mañanas callejeras pobladas por la versión sofisticada de personajes que bien podrían salir de las películas de Wes Anderson o Noah Baumbach.

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Eva, su vestido y su desnudo

NEW YORK, NY - MAY 04:  Beyonce attends the 'China: Through The Looking Glass' Costume Institute Benefit Gala at the Metropolitan Museum of Art on May 4, 2015 in New York City.  (Photo by Dimitrios Kambouris/Getty Images)

Beyoncé con un diseño de Riccardo Tisci para Givenchy en la inauguración de la exposición ‘China: Through The Looking Glass’ del Museo Metropolitano de Nueva York, el 4 de mayo de 2014. Foto: Dimitrios Kambouris/Getty.

Últimamente hemos incorporado a nuestro vocabulario un oxímoron preñado de significados. Se trata de ese imposible llamado vestido desnudo. Tal estilo de trajes no remite necesariamente a aquel famoso atuendo que llevaba el Emperador en el cuento de Andersen. Ya saben, ese que no existía en realidad pero que todo el mundo aseguraba ver perfectamente por miedo a parecer más estúpido que su vecino. La fábula moral de ese cuento es que algo no tiene que ser cierto solo por el hecho de que todo el mundo diga que lo es y, en el fondo, eso también podría venir al caso.

English supermodels Kate Moss and Naomi Campbell at the Elite Model Agency party for the Look of the Year Contest at the Hilton Hotel, London, September 1993. (Photo by Dave Benett/Getty Images)

Kate Moss y Naomi Campbell en septiembre de 1993 en la fiesta ‘Look of the Year’ de la agencia Elite. Foto: Dave Benett/Getty.

Pero me disperso. El asunto con el vestido desnudo (naked dress, en inglés y perdón por el pareado) es que se trata de un diseño cuya transparencia cede todo el protagonismo al cuerpo que presuntamente debería cubrir. La idea está destinada, obviamente, a ofrecer una sugerencia erótica y es un recurso ampliamente utilizado, ya desde la época de Josephine Baker, en salas de variedades, cuerpos de baile y actuaciones de toda clase. Las estrellas de pop así como las patinadoras y las gimnastas han dado frecuente e inventivo uso a este concepto, encontrando las más enrevesadas formas de cubrir lo mínimo que su pudor les dicte. Y nadie como Marilyn Monroe explotó las posibilidades de cubrir para descubrir. En 1962, se vistió (por decir algo) con un traje bordado con 6.000 cristales y firmado por Jean Louis para cantarle cumpleaños feliz al presidente de EEUU, John F. Kennedy. Aunque el vestido se vendió por más de un millón de dólares en una subasta en 1999, está claro que la estrella de esa actuación no era la tela sino la carne que acariciaba.

Marilyn Monroe entre Robert y John F. Kennedy, el 19 de mayo de 1962, en la fiesta que siguió a su actuación en el Madison Square Garden donde la actriz cantó cumpleaños feliz al presidente de EEUU. Foto: Cecil Stoughton/The LIFE Images Collection/Getty.

(GERMANY OUT) Josephine Baker,   (*03.06.1906 - 12.04.1975+)  , Dancer and singer, USA / France, performing in Paris, - published in the 'Berliner Morgenpost', 14.11.1926  (Photo by ullstein bild via Getty Images)

Josephine Baker durante una actuación en París. La imagen fue publicada en  ‘Berliner Morgenpost’ en noviembre de 1926. Foto: Getty.

Ese, precisamente, es el argumento que presenta Alexandra Jacobs en un artículo publicado hace unos días en The New York Times. Que estos trajes son una oportunidad para que mujeres como Beyoncé, Kim Kardashian, Rihanna o Jennifer Lopez (que son las principales responsables de su gran popularización en el último año) le den la vuelta al foco del circo publicitario en el que se han convertido sus apariciones en la alfombra roja. Sostiene Jacobs que con estos vestidos desnudos, ya casi inexistentes, el protagonismo deja de recaer en lo que llevan para volver a las mujeres que los llevan. Es una tesis provocadora, cuanto menos. Supone que para la personalidad de la mujer se imponga sobre su traje es necesario que ella salga a la calle prácticamente desnuda. Ciertamente no debería ser obligatorio exhibirse como una vedette para reclamar el protagonismo y evitar que el traje le gane a una el terreno. Esta disyuntiva, en el fondo, desvela hasta qué punto se ha pervertido la relación entre la fama y la moda en estos eventos. Como Saturno devorando a sus hijos, la industria de la moda ha llevado tan lejos la intención publicitaria de esos acontecimientos que el propio interés generado, finalmente, se han comido esos vestidos hasta hacerlos desaparecer del escaparate y de la ecuación.

Al mismo tiempo, esta tendencia es una muestra más de cuán lejos llega el escrutinio de las estrellas contemporáneas. De ellas queremos saberlo y VERLO todo. Y, ellas, acceden. Como si el ciclo de 24 horas al día de exposición mediática no fuera suficiente, revelan hasta el último rincón de su anatomía a una máquina que engulle sin contemplaciones hasta la más pequeña migaja de su intimidad. Lo cierto es que la escalada de revelaciones y de exhibición está alcanzando tal intensidad que dentro de poco no tendremos suficiente con la insinuación erótica que se regala al amante -o al mirón- y ya solo nos quedará adentrarnos en el interior de sus cuerpos y de sus cerebros como cirujanos, obstetras, neurólogos o nigromantes. No lo descarten.

Kim

Kim Kardashian con un traje de Peter Dundas para Roberto Cavalli en la inauguración de la exposición del Museo Metropolitano de Nueva York, el 4 de mayo de 2015. Foto: Getty.

Rihanna en la fiesta de los premios CFDA en junio de 2014 donde fue galardonada como Icono de la moda. Fotos:

Rihanna en la fiesta de los premios CFDA, en junio de 2014, donde fue galardonada como Icono de la moda. El vestido es de Adam Selman. Fotos: Getty.

Rose

Rose McGowan y Marilyn Manson en la entrega de los premios MTV en 1998. Foto: Getty.

Jennifer López

Jennifer Lopez con un diseño de Versace (izquierda) en la inauguración de la exposición del Museo Metropolitano en mayo de este año. Y de Charbel Zoe Couture (derecha) en los premios Billboard unos días después. Foto: Getty.

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Adiós a mayo

Esta semana saldrá a la venta el número de junio de Harper’s Bazaar y eso significa que está a punto de terminar el mes de mayo, diga lo que diga el calendario. Mayo ha sido para nosotros el mes del cuerpo y tanto en la versión digital y como en la de papel hemos dado muchas vueltas a este concepto. Hemos hablado de flacofobia y también de mujeres que desafían a los estándares de belleza, de cómo diseñar para tallas más allá de la 44 y de la relación que se establece entre el peso de las modelos y los desórdenes en la alimentación. Hemos reflexionado sobre las trampas de la Operación Biquini y sobre las peores dietas para adelgazar.

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Sesión de moda con Tara Lynn del número de mayo. Fotografía: Gonzalo Machado

Esta es la carta con la que presentaba el número:

Cinco años atrás empecé a escribir un blog con una entrada titulada ‘Modelos flacas, modelos gordas‘. El tema, lejos de perder actualidad, está de nuevo en todos los periódicos por la decisión del Gobierno francés de exigir un índice de masa corporal mínimo a las modelos para trabajar en ese país. Por desgracia, la atención que se dispensa a esta clase de medidas no es directamente proporcional a su auténtico efecto.  Y voces como la periodista Hadley Freeman, en un revelador texto que publicamos en este número, defienden que establecer tan estrecha relación entre el peso de las modelos y la anorexia es una simplificación que banaliza una enfermedad mucho más compleja. En todo caso, el debate sobre la delgadez en la pasarela parece interminable. Es verdad que la moda no aprende. Pero también que el tema se presta a una demagogia simplista muy del gusto actual. La legislación francesa surge de la propia incapacidad de la industria para regularse y es cierto que en la pasarela siguen proliferando modelos escuálidas y tristes. Que inspiran más lástima que admiración. Pero no es menos cierto que nunca como ahora maniquíes con cuerpos rotundos –véanse Tara Lynn o Candice Huffine– habían gozado de tanta notoriedad. Estas mujeres han conseguido romper los techos de cristal de su profesión y lograr que la terrible expresión modelos de tallas grandes esté en franco retroceso. Hoy son modelos, sin más apellidos ni etiquetas.

El problema no es que haya modelos delgadas, sino que se imponga su excepcionalidad genética a amas de casa, directivas, arquitectas o estudiantes. Las modelos, como las atletas, no tienen por qué ser como todo el mundo. Y no todo el mundo tiene que ser como una modelo. Aunque la pregunta pertinente es si realmente es la pasarela la que impone el canon en una sociedad cada vez más gorda y con ídolos cada vez más flacos. ¿Cuántas actrices, cuyo trabajo es encarnar los matices del alma humana, se ven obligadas a mantener una silueta propia de una maniquí? Y la presión la ejerce, precisamente, una sociedad hipócrita: los mismos que se rasgan las vestiduras por el peso de las modelos disfrutan ridiculizando a una cantante porque ha sido espiada por las cámaras mientras pasea por la playa con celulitis

La clave reside en fomentar riqueza, variedad y matices en los referentes. La belleza es plural. Tanto como los cuerpos, los gustos o las opiniones. Los años sesenta se obsesionaron con la delgadez de Twiggy y los 2000, con la de Kate Moss. Pero hoy es el trasero poderoso de Kim Kardashian el que tiene cautiva a la conciencia colectiva. Lo deseable sería la convivencia de estilos al mismo tiempo. Algo que sí sucedía con las supermodelos de los años noventa. Podías identificarte con la voluptuosa Claudia, con la camaleónica Linda o con la aguerrida Naomi. Aunque, justo es reconocerlo, ellas no solo exhibían un carisma y una personalidad exuberantes. También contaban con unas potentes anatomías a juego, que hoy escasean.

Ojalá las medidas francesas resulten positivas para todos. Y, por ejemplo, se deje de menospreciar a Lady Gaga cuando engorda. Pero, sobre todo, deseemos que sirvan para que las jóvenes que ahora llegan a la industria crezcan en pasarela como mujeres hermosas y con personalidad en lugar de como presencias fantasmales. Acaso sea esa la mejor razón para acometer esas iniciativas. Para todo lo demás, se impone un debate más profundo. Y personal. Porque pesen lo que pesen las modelos, hay una báscula que casi todas tenemos más presente: la de nuestra casa. En Harper’s Bazaar nuestro credo es celebrar a mujeres magníficas y diversas. Con edades y cuerpos tan variados como sus historias, recorridos y experiencias. Desde el espectáculo de la naturaleza que es la modelo veinteañera Constance Jablonski en la sesión de portada de este mes hasta el desafío al tiempo de Sophia Loren o Iris Apfel, dispuestas a contradecir lo que se supone una debe hacer después de los 70, pasando por la sensualidad intelectual de Sybilla o las reflexiones de madurez de Julianne Moore. Todas ellas nos inspiran porque demuestran que estar a gusto en nuestra piel depende ante todo de nosotras mismas. Y que la confianza y la seguridad son músculos que, como los demás, necesitan ejercitarse con disciplina. Hay que repetirse que no hay un único cuerpo perfecto, sino un cuerpo perfecto para cada mujer, que es precisamente el suyo.  Y ese sí que es único“. 

Doble página del reportaje de moda con Constance Jablonski. Fotografía: Nagi Sakai.

La revista se mandó con un desayuno de Gust Madrid a mujeres de edades y caracteres muy diversos. Entre otras, Alaska, Raquel Sánchez-Silva, Ana Milán, Rossy de Palma, Tania Llasera, Carme Chaparro, Eugenia Silva o Ana García-Siñériz. “A ti, ¿por qué te gusta tu cuerpo?”, preguntábamos en esta web a partir de la llamada a la acción #Bazaarcuerpo. Y si yo tuviera que responder a eso lo haría a partir de una cita de Rousseau. Él escribió que “la conciencia es la voz del alma y las pasiones son la voz del cuerpo”. ¡Y a mí me gustan mucho mis pasiones!

El cuerpo es un tema complejo, con tantas interpretaciones y matices como personas, y que siempre suscita tanto interés como controversia. Los grandes debates públicos sobre la cuestión son necesarios y me alegra comprobar que hemos generado algunas conversaciones interesantes más allá de los lugares comunes. Pero el auténtico diálogo es el que establece cada uno, a diario, entre su conciencia y sus pasiones.

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La hora de los diseñadores que empiezan

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Imagen del proyecto Shirtby de Leo Rydell

Hace ya varios años que tengo la suerte de formar parte del comité al que se presenta el trabajo de fin de estudios del título superior en diseño de moda del Istituto Europeo di Design (IED). Nunca he escrito sobre ello, pero es una experiencia fascinante que no deja de sorprenderme. Y esta semana he tenido la suerte de que volvieran a invitarme a la presentación de 12 trabajos de la promoción 2015.

Me lo he vuelto a pasar en grande. Y no solo porque estuviera francamente bien flanqueada (a un lado, Carmen March y, al otro, Roberto Etxeberria). Sobre todo, porque ese contacto con los que empiezan te devuelve a la parte más pura y genuina de la industria de la moda. La fuerza de la ilusión, la magia de la creatividad desbocada, la explosión del talento en bruto. La esperanza del que todavía tiene todo por hacer, del que tiene una historia en sus manos todavía por escribir. La inagotable capacidad de reinventar lo ya inventado y de darle un nuevo aliento a esta industria es un refrescante trago contra el cinismo y las miserias que tantas veces acechan a esta profesión.

Los comentarios de Carmen y Roberto, junto con los de Álvaro Castejón y Arnaud Maillard (de Alvarno y Azzaro) y los de Sofia Clari (buscadora de talento de El Ego, entre otras cosas), remataban cada presentación a mi alrededor. El resto del comité resultaba igualmente atinado ya que, entre otros, estaban mi querida Carmen Mañana (de El País), Lucía Zaballa (communication manager de Loewe), Iñigo Guzmán (de Inditex) o Vicente Ferrer (de i-D). La directora del IED Moda Lab en Madrid, Isabel Berz, hizo una presentación tan emocionante de cada uno de nosotros que consiguió sacarnos los colores (a mí, al menos).

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Prototipos de Sofía Baquerizo.

Los trabajos que vimos eran de lo más variopinto. Por el virtuosismo de su artesanía impresionaba Sofía Baquerizo, que presentó una pieza de finos pliegues inspirada en la arquitectura y el interiorismo. Tanto que Maillard le recomendó que no tardara un segundo en pedir trabajo en el parisiense taller de Lesage. La claridad del concepto de Leo Rydell, con un proyecto de colaboraciones a partir de una simple camiseta blanca realizada en piqué bautizado como Shirtby, también despertó admiración. Lucía Cano, que innova en los bordados tradicionales de su empresa familiar, y Tíscar Espadas, con un estudio de los opuestos sobre algodón deconstruido, se llevaron el interés de Alvarno y de Etxebarria (respectivamente) por contar con ellas. En todos había algo que descubrir: las asombrosas ilustraciones hechas con tableta de Inés Maestre, el mobiliario a partir de cuernos de toro de Irene Alcázar, los dibujos de los hijos de Christina Altuna estampados en su ropa infantil, el humor con el que Sungha Park retrata el conflicto entre su Corea del Sur natal y su vecino del norte o los trajes de baño completamente bordados de Virginia Vallejo. En general, todos ofrecían presentaciones bastante increíbles. Francisca Márquez mostraba su estudio de la mantilla con un libro que casi estaba listo para ir a las librerías y Lucía Torrens y Rita Juárez retrataban las improbables mezclas de cada una de sus colecciones (Japón y Aragón, en la una, y los trajes religiosos y de apicultura, en la otra) con sofisticadas fotografías y vídeos.

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Ilustración de Tíscar Espadas

 

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El proyecto de Inés Maestre.

A pesar de las enormes dificultades que siempre existen, este es un buen momento para los diseñadores emergentes. No solo porque los grandes grupos de lujo se vuelcan hacia ellos como antes solo hacían con las firmas centenarias (Kering ha invertido recientemente en Christopher Kane y Joseph Altuzarra; LVMH, en Nicholas Kirkwood o JW Anderson); además, se vive una escalada de premios (con el de LVMH y el ANDAM en dura liza en París, entre muchos otros) y de interés generalizado. En la última semana de la moda francesa, una de las citas más interesantes fue, precisamente, la presentación de los 26 candidatos al premio LVMH.

En la sede central del grupo en Avenida Montaigne, alrededor de sencillos burros llenos de atrevidas ocurrencias, se apelotonaban el 5 de marzo las figuras más poderosas y relevantes de la industria. Bernard Arnault y su hija Delphine visitaron uno a uno el estand de cada semifinalista y se veían escenas como Kanye West ejerciendo de entusiasta y ¿humilde? defensor de la candidatura de su director creativo, Virgil Abloh. Karl Lagerfeld escuchaba con interés las explicaciones de Jacquemus mientras Raf Simons trataba de abrirse paso en la abarrotada sala. Una fotografía de la edición de 2014, la primera que se celebró, mostraba una imagen de la que están hechos los sueños (y algunas pesadillas) de la moda. En una larga mesa los miembros del jurado a los que se enfrentaron los ocho finalistas y que terminaron eligiendo a Thomas Tait como ganador. Es decir, Delphine Arnault y los directores creativos de algunas de las principales casas del grupo: Karl Lagerfeld (Fendi), Raf Simons (Dior), Phoebe Philo (Céline), Marc Jacobs, Nicolas Ghesquière (Louis Vuitton), Riccardo Tisci (Givenchy) y Humberto Leon y Carol Lim (Kenzo). ¿Quién dijo miedo?

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Kanye West junto a Sébastien Meyer y Arnaud Vaillant de la marca Coperni.

_Bernard Arnault Delphine Arnault et Raf SImons (1)

Bernard y Delphine Arnault con Raf Simons, de Dior.

_Delphine Arnault Jaquemus et Karl Lagerfeld (1)

Delphine Arnault, Jacquemus y Karl Lagerfeld.

Días después de la cita de marzo se anunció el listado de finalistas que este año se enfrentarán a ese espectacular jurado (al que ahora se añade Jonathan Anderson, de Loewe). Los que pasaron el corte fueron Arthur Arbesser, Coperni, Craig Green, Faustine Steinmetz, Jacquemus (finalista el año pasado), Marques’Almeida, Off White c/o Virgil Obloh (para regocijo de Kanye) y Vetements. Todos ellos ya se han beneficiado de una espectacular exposición mediática. Pero el ganador además se llevará 300.000 euros y un año de tutoría de LVMH. Una oportunidad -reservada a firmas con al menos dos colecciones ya comercializadas y a diseñadores menores de 40 años- que ojalá algún día aproveche alguno de esos estudiantes que hoy se gradúan. Entre tanto, es bueno saber que el premio cuenta con una segunda categoría, específica para graduados, en la que tres ganadores obtienen 10.000 euros y la oportunidad de trabajar en una de las marcas del grupo durante un año.

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El legado de Margarita Rivière

 

Con esta fotografía de Humberto Rivas, Margarita Rivière quiso aparecer en la página de colaboradores del número de abril de Harper's Bazaar.

Con esta fotografía de Humberto Rivas, Margarita Rivière quiso aparecer en la página de colaboradores del número de abril de Harper’s Bazaar.

Ayer falleció la extraordinaria periodista Margarita Rivière (Barcelona, 1944), cinco días después de presentar su novela, Clave K. Esta frase ya dice mucho de su carácter, de su entrega y de su infatigable curiosidad. No presumo de conocerla bien. Solo de admirarla mucho. Margarita Rivière ha sido una figura fundamental en mi formación como periodista. Como periodista a secas y como periodista de moda. Y, afortunadamente, tuve la ocasión de transmitírselo a ella.

Como sucede tantas veces hoy, nunca nos vimos en persona y siempre hablamos por teléfono o por correo electrónico. Le escribí hace dos meses para pedirle que colaborara en esta nueva etapa de HARPER’S BAZAAR en España y pude explicarle lo mucho que eso significaba para mí y para esta revista. Ella aceptó “encantada, aunque con limitaciones de rapidez, espacio y, claro, tema”. Añadía: “Ahora he decidido vivir sin prisa”. Al final, nos escribió un texto espléndido sobre la historia de las flores en la moda femenina. Antes de entregarlo me advertía: “No esperes en lo floral precisión  sino especulación legítima… lo voy a situar en lo romántico, ¡espero que encaje!”. Encajó, por supuesto. Se titula el Eterno femenino y al leerlo no puedo evitar sentir una punzada de nostalgia por todos sus artículos que ya no leeremos.

 

'Entrevistas', 'Clave K' y Diccionario de la Moda, por Margarita Rivière.

‘Entrevistas’, ‘Clave K’ y ‘Diccionario de la Moda’, tres de los libros de Margarita Rivière.

Pionera en tantas cosas, original siempre, si Margarita Rivière hubiera vivido en Francia o Inglaterra sería un nombre con el que cualquiera se llenaría la boca. Pero en España tendemos a alardear más de nuestra admiración por figuras extranjeras y, a menudo, menospreciamos nuestro propio legado. Por otra parte, lo ecléctico de la trayectoria de Rivière (que comprende la política, la moda, el feminismo, la entrevista, el periodismo, la ilustración o la novela) hace que sea difícil de encasillar y de empaquetar como la clase de referente simple y plano que hoy nos gusta enarbolar. No sé cuánto de eso le importaría en realidad a alguien tan trabajador y tenaz como para escribir decenas de libros. Y tan genuino como para romper continuamente prejuicios sobre temáticas o espacios. El trabajo de Rivière en la moda es para mí tanto más interesante porque no se dedicó a esa faceta exclusivamente y, por lo tanto, demostró que esta materia podía ser tan relevante para analizar nuestra sociedad como el resto de las que poblaban su inquieta mirada. Con su trayectoria, Rivière abrió camino en España a la consideración de la moda como un termómetro de su tiempo. “La moda sigue siendo una fotografía social”, afirmaba al presentar la reedición de su Diccionario de la moda (Debolsillo). Un libro que junto a La moda, ¿Comunicación o incomunicación? (1977), Historia de la media (1983), Lo cursi y el poder de la moda (1992) o Crónicas virtuales. La muerte de la moda en la era de los mutantes (1998) son indispensables en cualquier biblioteca sobre moda en español.

En mi último correo le volvía a agradecer la forma en que su trabajo ha sido una herramienta infalible a lo largo de mi carrera. Hablábamos de un libro de moda masculina  que yo iba a publicar. Ella me contestó, el 17 de febrero, con su humildad y entusiasmo habituales: “Eres un sol. Me encantará tenerlo y comentarlo”. Así lo hice hace apenas dos semanas. No sé si lo recibió. Espero que sí. Pero qué pena que nunca llegaremos a comentarlo. Y que no volverá a escribir textos inspirados y analíticos. Y libros influyentes y decisivos. Y columnas pertinentes y sensatas. Afirma Xavier Vidal-Folch en su artículo de El País que “Rivière usaba las razones propias de alguien que sabía dudar mucho sin amilanarse por hacerlo en público”. Toda una lección de rigor, valentía y honestidad en estos tiempos de certidumbres absolutas y grandes expertos en nada.

Margarita Rivière en 2005.

Margarita Rivière en 2005.

En julio de 2013 publicamos una entrevista con ella en El País Semanal con motivo de la exposición en Barcelona de sus dibujos de moda de juventud, hasta entonces inéditos. Había querido ser diseñadora en 1964, tal como le explicaba a Ana Pantaleoni, quien firmó el texto, y mostraba en las fotografías de Leila Méndez. Rivière declaraba allí que se sentía experta en el siglo XX pero no tanto en lo que estaba pasando en este convulso XXI. “La moda se ha destruido ella misma porque se ha democratizado”, aseguraba. También hablaba de las revistas, que había leído desde niña:  “En determinados momentos ayudaron a las mujeres a liberarse. La primera vez que leí la palabra orgasmo fue en Elle, en un artículo de Marcelle Auclair. Ahora ya no sé si ayudan… o las convierten en Barbies”. Ojalá que ese número de abril de HARPER’S BAZAAR en el que colaboró estuviera a la altura de sus expectativas. Pero esa es otra de las cosas que nos han quedado por comentar.

Tus lectores te echaremos de menos, Margarita.

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Algo para recordar

El calendario oficial de presentaciones de las colecciones de otoño/invierno 2015 ha terminado. Ahora toca empaquetar, digerir y empezar a trabajar en los reportajes, editoriales y entrevistas de la próxima temporada. Es la esquizofrenia de vivir y trabajar en dos planos temporales distintos, en una temporada cambiada. Todavía no has empezado con la ropa de primavera en tu armario y tu cabeza ya está con el otoño siguiente. Esa es una de las posibles razones por las que durante tanto tiempo los profesionales de la industria vestían siempre de una oscuridad atemporal, como si hubieran renunciado a los caprichos estacionales que para otros proponen ante la imposibilidad de mantener dos husos horarios estilísticos.

Como ya sabemos, el auge del street style cambió eso para siempre. Si en los años noventa -dominados por Helmut Lang- el chiste era: “¿Cómo identificas dónde se celebra un desfile de moda? Siguiendo la fila de gente vestida de negro y rezando para no terminar en un funeral”. Ahora la broma sería exactamente la contraria y uno debería seguir el reguero multicolor, multiestampado, multiaccesorizado, multiteñido, etc.

Pero me aparto del tema. El objetivo de esta entrada era reflexionar sobre lo que ahora mismo sobresale en mi memoria tras un mes largo de desfiles. Esa es una percepción flexible. A menudo, cambia con el tiempo y según vas trabajando con las colecciones y los temas. Pero, en caliente, estas son las imágenes que ahora mismo pelean en mi cabeza. Por las colecciones en sí, por la experiencia o por las reflexiones que sugieren. Algo para recordar en una temporada que, francamente, no me ha parecido extraordinariamente exitosa en lo que a ideas originales y propuestas innovadoras se refiere.

Carrusel del desfile de Valentino en París.

Carrusel del desfile de Valentino en París.

Valentino: La flaqueza de las propuestas de la temporada ejerce un vivo contrase con la escalada en las puestas en escena y la búsqueda de experiencias memorables. La moda, como bien admite Raf Simons en nuestra reciente entrevista, es hoy un espectáculo pop con audiencias globales que necesita puestas en escena mastodónticas. Piensa en Cecil B. DeMille y acertarás. La dialéctica entre la fortaleza de lo que desfila y lo aparatoso del entorno no siempre se resuelve a favor de la creatividad. El desfile de Valentino, el 10 de marzo en París, obtuvo la mayor repercusión global de toda la cita gracias a la aparición de los protagonistas de Zoolander (a no ser que hayas estado escondido en un iglú, imagino que no hay que explicar mucho más sobre ello). Pero también presentó una colección extraordinaria, con más de ochenta salidas susurradas por las artistas y musas Emilie Flöge y Celia Birtwell (que inspiraron a Gustav Klimt, la una; y a Ossie Clark y David Hockney, la otra). En este caso, las dos realidades, impacto mediático y creatividad, quedan absolutamente desconectadas. Poco tiene que ver la sátira de Ben Stiller con la poesía de los trajes en los que ha colaborado la propia Birtwell. Pero ambas son poderosas, a su manera. Eso precisamente añade un punto interesante a la manida conversación sobre si la puesta en escena distrae/ se come/ acompaña/ ensalza a la colección. Algo en lo que pensar, que no es poco.

Desfile de Prada en Milán.

Prada: Lo que haga Miuccia Prada siempre es un punto de inflexión. Influencia principal para sus colegas y para el sistema en general. Prada recuperó el 28 de febrero en Milán su versión más dulce tras varias temporadas entregadas a ejercicios más áridos y feístas. La intención de la diseñadora era, sin embargo, mucho más perversa de lo que el uso de colores pastel habitualmente significa. “Dulce, pero violento. Quería un impacto. Buscaba la forma de ser fuerte con tonos suaves”, aseguraba Miuccia en Style.com. Lo logra con el exceso, con la acumulación de códigos femeninos: exagerada bisutería, colores convencionalmente asociados a la mujer, lazos, guantes largos. Todos juntos intoxican y logran ese impacto violento. Como el de una colonia mareante en un ascensor. Un exceso que nos devuelve una reflexión sobre lo artificial que resulta esa concepción de la feminidad. Que nos hace comprender que es, precisamente, una construcción social, un tinglado, un disfraz. Es una colección que se aprecia mejor cuanto más cerca. Con la ropa en la mano,  una descubre que lo que parece neopreno no lo es; se trata de jersey doble tratado para conseguir un grosor y una textura que asociamos con lo aeronáutico, con lo artificial. También es ahí cuando aprecias el motivo “molecular”, que se imprime en plástico o en cuero o se utiliza en bordados en 3D. Procede de un tejido ampliado con un microscopio y convertido en algo abstracto. Como esta colección hace con el cliché de lo femenino: lo amplifica hasta la abstracción para intentar que miremos de otra forma -acaso más científica- a su origen y sus átomos, a sus tramas y urdimbres.

Desfile de Lanvin en el Bellas Artes de París.

Desfile de Lanvin en el Bellas Artes de París.

Lanvin: Alber Elbaz celebró el 125º aniversario de la firma que fundó Jeanne Lanvin con una doble fiesta: desfile y exposición sobre la fundadora. Esa combinación es siempre peligrosa. Cuando un diseñador se sumerge hasta las orejas en los archivos la experiencia puede resultar paralizante para su propia creatividad y acabar convirtiendo la colección en una réplica, un fósil del pasado. En este caso, sucedió exactamente lo contrario. Elbaz ha formado parte activa en la primera retrospectiva sobre el trabajo de Lanvin que se organiza en París (en el Museo Galliera hasta el 23 de agosto) y además entregó el 5 de marzo en París una de sus colecciones más personales para la firma. Mirando a su Marruecos natal, Elbaz construye un alegato por la mujer poderosa y contemporánea, que camina con paso firme y buenas botas, del que muchas salimos dando palmas. Cuando un desfile consigue inyectarte esa cantidad de energía y pasión es bueno escucharla y conservarla. A veces, sucede que esa sensación no perdura. Y no se mantiene al enfrentarte a las imágenes y las piezas por sí solas. Aún así la épica del momento es válida en sí misma. Pero, en este caso, la colección me sigue pareciendo excepcional foto a foto.

Desfile de Tom Ford

Presentación en Los Ángeles de la colección de Tom Ford.

Tom Ford: Como todo lo que hace Tom Ford, este desfile es tanto o más interesante por su significado para la industria que por su contenido. Ford decidió no participar en la Semana de la Moda de Londres para evitar que su desfile compitiera por la atención mundial a la mañana siguiente de los premios Oscar y trasladar su carpa y su circo a Los Ángeles. Un movimiento que ya lanza un elocuente mensaje sobre la relación entre la alfombra roja y las pasarelas. Pero es que el 20 de febrero el estadounidense montó su propia gala de los Oscar con lo que no solo evitó la rivalidad sino que demostró su poder e influencia. Un homenaje a sí mismo que, dos días antes de la auténtica ceremonia, congregó a tal cantidad de caras conocidas que produjo -si bien, por otros motivos- un efecto de “intoxicación” parecido al de Miuccia. Gwyneth Paltrow, Julianne Moore, Amy Adams, Scarlett Johansson, Reese Witherspoon, Miley Cirus, Amy Adams, Jennifer López y muchas más en una enumeración tan larga que te hace inmune al valor de su contenido. Es evidente que esa no era la intención de Ford, pero su desfile es una amplificación del impacto de la fama en las pasarelas que, como en el caso de Prada, también te hace replantearte hasta las moléculas del fenómeno.

Desfile de Céline en París.

Céline: No fue Ford el único en provocar una reflexión sobre nuestra obsesión con ese término tan inevitable como difuso que es el glamour. Mucho más insospechada es la aportación de Phoebe Philo en Céline. La mujer que, con permiso de Miuccia Prada, mejor entiende hoy los anhelos estilísticos de otras mujeres se adentró en un terreno hasta ahora desconocido para ella con su desfile de otoño/invierno 2015. Lo hizo, precisamente, el 8 de marzo cuando se celebraba el Día Internacional de la Mujer. Una coincidencia que le añade una capa más a su singular acercamiento al cliché de lo sofisticado, elegante, festivo… por qué, a todo esto, ¿qué significa exactamente glamour? Más allá de la convención sobre la alfombra roja y la réplica constante de la era dorada del cine y la alta costura, quiero decir. ¿Qué es el glamour hoy? ¿Cómo se define y se defiende en nuestro día a día? Es una premisa extremadamente interesante que, en manos de Philo, da lugar a una colección críptica, extraña, sugerente y compleja. No deja de resultar significativo que Philo se embrolle tanto al tratar de contestar a una pregunta a la que normalmente se dan respuestas tan simples. A menudo, los mejores ejercicios son aquellos que arrojan más interrogantes que respuestas.

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